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jueves, 19 de enero de 2017

A través de mis pequeños ojos

¡¡Holaaaaaaaaaaa!!

Os vengo a hablar de una novela maravillosa que me ha robado el corazón, se llama "A través de mis pequeños ojos", esta publicada por Uno editorial, y es del autor Emilio Ortiz Pulido.

Ha sido, primero, una revolución en Amazon y ahora ya se puede conseguir en formato físico en las librerías.

La obra se convirtió en un fenómeno en las redes sociales, y por ello tuve noticias de este maravilloso libro, que recomiendo a todo el mundo, ya que me ha encantado la historia, la manera en la cual esta escrita y sobre todo por que: 1- el tema esta relacionado con la Integración Social, y 2- por que es el primer libro d la historia de la literatura narrado en primera persona por un perro guía que se llama Spock, y en el cuál explica las vivencias con su compañero Mario, un joven invidente que se abre camino ante la vida.

Yo se lo recomiendo a todo el mundo y ojalá que os guste tanto como a mí y se lo regaléis a vuestros seres queridos por que va a ser un regalazo.

Un saludo :)



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martes, 11 de octubre de 2016

Jessica Gómez y el texto:"Señores de H&M"

¡¡Buenos días!!

De nuevo la autora Jessica Gómez, me deja sin palabras y no puedo estar más de acuerdo con ella...os dejo el artículo que ha publicado en su Facebook, el día 23 de Septiembre.
Os dejo todo el texto, pues quiero compartir con vosotros hasta la última palabra que me ha maravillado, y que siento como ella al 1000000 %.


Señores de H&M, les propongo una idea absurda:
Imagínense su tienda dentro de, qué sé yo, veinte años. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado. Qué tontería, ¿verdad? Eso ya lo puede hacer ahora, cualquiera. Entrar y comprar lo que se le antoje.
De acuerdo, retrocedamos.
Imagínense su tienda la semana pasada. Cualquier tienda. Cualquier día. Imaginen a una madre que entra a comprar ropa con su hijo pequeño y su hija menor. Imaginen a un niño que decide que le encantan unos zapatos dorados con estrellas en el mismo pasillo en el que su madre busca botas para su hermana.
Ahora imaginen que esa madre no alberga ningún tipo de duda con respecto a comprar esos zapatos. Imaginen que no intenta disuadirlo enseñándole otros zapatos más masculinos. Imaginen que se los compra sin atisbar miedo alguno a que se metan con él en el colegio; que ni siquiera contempla que eso pueda suceder. Imaginen que ambos, madre e hijo, se van de su tienda felices con sus zapatos dorados.
Imaginen que ese niño, al día siguiente, no le dice a su madre que no quiere ponérselos para ir al colegio, porque hay demasiada gente y sus zapatos son de chica. Imaginen que esa madre no tiene que preguntarle a su hijo si es que pretende ponerse los zapatos en los genitales. Imaginen que esa madre no tiene que poner su pie desnudo junto al de su hijo para explicarle que la idea de que un zapato pueda ser de chico o de chica es ridícula, porque nuestros pies son iguales.
Imaginen que esa madre no tiene que mirar a su hijo a los ojos y preguntarle si piensa que las cosas de chica son malas. Que no tiene que cabrearse pensando que su hija puede vestir cosas de niño y ser lo más normal, pero si su hijo viste algo de niña se está exponiendo.
Imaginen que ese niño no tiene que debatirse cada mañana entre ponerse algo que le gusta o ponerse algo que no lo avergüence. Imaginen que va cada día al colegio feliz, con sus zapatos dorados. Que no vuelve a casa triste y enfadado porque una compañera le ha dicho que sus zapatos son de niña. Que esa madre no tiene que llorar de rabia porque alguien, no sabe quién, ha puesto condiciones a una libertad de la que creía que sus hijos serían dueños.
Imaginen que no pasa nada de eso, porque los zapatos dorados no estaban en la sección de niñas. Simplemente estaban en la sección de zapatos. Qué absurdo, ¿verdad?
Imagínense su tienda: cualquier día, cualquier tienda. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado.
Para nosotros, adultos del aquí y del ahora, tal vez sea tarde. Pero para ellos no. Aún podemos dejarles algo mejor. Nosotros, adultos del aquí y del ahora, podemos reinventar para ellos. Puede que ya no tengamos fuerza para reconstruirnos, pero aún podemos derribar muros. Puede que no sepamos liberarnos a nosotros mismos, pero aún podemos cortar cadenas. Y puede que dentro de, qué sé yo, veinte años, un cliente entre en su tienda y sea libre. Porque alguien ha decidido no poner condiciones a esa libertad.
Señores de H&M, les propongo una idea absurda… Dejemos de vestir niños. Dejemos de vestir niñas. Vamos a vestir personas.

#VamosAVestirPersonas

Un saludo :)



lunes, 22 de agosto de 2016

Eres subnormal

¡¡Hola!!
Os dejo un artículo de Anita Botwin, que me ha gustado muchísimo.

Un saludo :)

Eres subnormal

Una sociedad no puede construirse sobre unos cimientos de insulto y desprecio al otro y en este caso en concreto con las personas con diversidad funcional.

El insulto, el chiste o la burla pueden ser formas de discriminación, especialmente cuando se trata de colectivos oprimidos o con serios problemas de desigualdad social.


Autista, retrasado, subnormal, disminuido, atrasado mental, monguer, mongólico, retardado, trastornado, esquizofrénico, paranoico, anormal, deficiente, minusválido, idiota, tonto, loco, autista, disminuido y así un sinfín de adjetivos y calificativos se usan con mucha ligereza hoy en día, para insultar o despreciar.
Cuando alguien escribe en las redes sociales algo que no gusta demasiado, especialmente cuando se trata de política, se reciben a menudo comentarios entre los que se encuentran amenazas e insultos de toda clase. Pero es curioso que, llevo un tiempo observando, cada vez son más insultos los relacionados con problemas de salud mental, enfermedades, o temas relacionados con diversidad funcional. Hay a quien le parece muy divertido y ofensivo usar enfermedades y problemas serios que sufren muchas familias como una manera de hacer daño a su interlocutor.
Estamos perdiendo el respeto. Una sociedad no puede construirse sobre unos cimientos de insulto y desprecio al otro y en este caso en concreto con las personas con diversidad funcional. Hacer alusión a una enfermedad o una discapacidad como insulto es de las mayores bajezas que pueden existir. Y si eso ocurre, y ocurre a menudo, es bastante preocupante. Citando a Emma Goldman “una sociedad tiene todos los delincuentes que merece”.
El problema es que son palabras muy integradas en nuestro vocabulario cotidiano. Las hemos normalizado y no las cuestionamos. Estoy segura de que yo misma habré dicho alguna vez a alguien “eres subnormal”, y no me he parado a pensar lo que eso significaba. 
El insulto, el chiste o la burla pueden ser formas de discriminación, especialmente cuando se trata de colectivos oprimidos o con serios problemas de desigualdad social.
Los medios de comunicación cometen auténticas barbaridades a la hora de comunicar al respecto. Los medios son significativos formadores de opinión e importantes mediadores en la construcción y el reforzamiento de las representaciones sociales. Por tanto, no debe consentirse que se use discapacitado/a como un insulto, porque el lenguaje que usamos conforma una manera de pensar, y normalmente el lenguaje en discapacidad conforma ese estereotipo erróneo de la diversidad. 
Un insulto no sólo es una manera de descargar el odio, la frustración, la impotencia y el miedo de quien lo emite,  también es una forma de violencia que persigue controlar, coaccionar, dañar y modificar la conducta de la persona que lo recibe.
Quien usa el insulto muestra una posición de poder, utilizando la diferencia para discriminar o excluir. No es más que alguien asustado que usa una palabra para defenderse o atacar. No es más que alguien que ignora y carece de empatía sobre lo que afirma.
De ahí que no sea extraño que la mayor parte de los insultos tengan relación con todas las formas de opresión en la sociedad occidental: desde el género hasta la clase, la diversidad funcional o la raza. Las bromas o insultos no suelen realizarse desde una perspectiva horizontal. Nadie usa el insulto “eres blanco” o “eres normal”. Se da por hecho que eso es lo ideal, no es un insulto lo que se considera perfecto o normativo en la sociedad, sino lo que no se entiende, lo que asusta, lo diferente a fin de cuentas. 
Sin ir más lejos, la RAE siempre adelantada a su tiempo, mantiene esta definición para “subnormal”: 
1.       adj.Dicho de una persona: Que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a la normal. U. t. c. s.

Por otro lado, ya no sólo es que la definición y el uso de la palabra fuera peyorativa en sí misma al usar el sub- como algo inferior -¿inferior a quién, a qué?- sino que esa misma definición se use como una flecha o piedra en forma de insulto. 
No pasa nada, es sin mal intención, dirán algunos. Llegados a ese punto, si no hay mala intención, ¿por qué usar la discapacidad como insulto?, y diré más, ¿por qué usar el insulto? 
“Eres subnormal” no debe ser un insulto si según la RAE se trata de alguien con una capacidad intelectual inferior a la normal. Porque entonces “eres subnormal” también puede tratarse de alguien que tiene una capacidad moral o de empatía inferior a la normal.