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martes, 11 de octubre de 2016

El anuncio de juguetes que lucha contra los estereotipos de género

¡¡Hola!!

Desde hace un tiempo por parte de varios sectores de la sociedad y diferentes asociaciones se está luchando por eliminar los contenidos para niños que incluyan imágenes sexistas y se apuesta por conseguir que sean más las grandes marcas que eliminen los estereotipos de género en sus anuncios; un ejemplo de ello fue la compañía Toys R Us que el año pasado se unió a la campaña Let Toys Be Toys en sus tiendas de Reino Unido, o cuando la marca Playmobil, también en 2015, apostó por la diversidad en la familia con motivo del Día Internacional de las Familias.


Ha sido este mes pasado cuando la juguetería inglesa Smyths Toys se ha querido unir a este desafío de romper con los estereotipos de género en lo que se refiere a los juguetes, y lo ha hecho de la forma más acertada posible, con un anuncio en el que un niño, acompañado de una versión de la canción de Beyoncé If I Were a Boy, sueña con lo que haría si pudiera ser un juguete. 

El niño muestra a través de su imaginación todo aquello en lo que se convertiría si fuera un juguete al ritmo de la frase que podemos escuchar repetida, “If I Were Toy”, y entre esas increíbles cosas, con la inocencia que caracteriza a los más pequeños y todo el mundo interior que hay en su imaginación, una de las situaciones con las que sueña es en convertirse en una princesa.

¡¡Os dejo el enlace del vídeo!!

https://youtu.be/LRpvxLIelBw

Un saludo :)

Jessica Gómez y el texto:"Señores de H&M"

¡¡Buenos días!!

De nuevo la autora Jessica Gómez, me deja sin palabras y no puedo estar más de acuerdo con ella...os dejo el artículo que ha publicado en su Facebook, el día 23 de Septiembre.
Os dejo todo el texto, pues quiero compartir con vosotros hasta la última palabra que me ha maravillado, y que siento como ella al 1000000 %.


Señores de H&M, les propongo una idea absurda:
Imagínense su tienda dentro de, qué sé yo, veinte años. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado. Qué tontería, ¿verdad? Eso ya lo puede hacer ahora, cualquiera. Entrar y comprar lo que se le antoje.
De acuerdo, retrocedamos.
Imagínense su tienda la semana pasada. Cualquier tienda. Cualquier día. Imaginen a una madre que entra a comprar ropa con su hijo pequeño y su hija menor. Imaginen a un niño que decide que le encantan unos zapatos dorados con estrellas en el mismo pasillo en el que su madre busca botas para su hermana.
Ahora imaginen que esa madre no alberga ningún tipo de duda con respecto a comprar esos zapatos. Imaginen que no intenta disuadirlo enseñándole otros zapatos más masculinos. Imaginen que se los compra sin atisbar miedo alguno a que se metan con él en el colegio; que ni siquiera contempla que eso pueda suceder. Imaginen que ambos, madre e hijo, se van de su tienda felices con sus zapatos dorados.
Imaginen que ese niño, al día siguiente, no le dice a su madre que no quiere ponérselos para ir al colegio, porque hay demasiada gente y sus zapatos son de chica. Imaginen que esa madre no tiene que preguntarle a su hijo si es que pretende ponerse los zapatos en los genitales. Imaginen que esa madre no tiene que poner su pie desnudo junto al de su hijo para explicarle que la idea de que un zapato pueda ser de chico o de chica es ridícula, porque nuestros pies son iguales.
Imaginen que esa madre no tiene que mirar a su hijo a los ojos y preguntarle si piensa que las cosas de chica son malas. Que no tiene que cabrearse pensando que su hija puede vestir cosas de niño y ser lo más normal, pero si su hijo viste algo de niña se está exponiendo.
Imaginen que ese niño no tiene que debatirse cada mañana entre ponerse algo que le gusta o ponerse algo que no lo avergüence. Imaginen que va cada día al colegio feliz, con sus zapatos dorados. Que no vuelve a casa triste y enfadado porque una compañera le ha dicho que sus zapatos son de niña. Que esa madre no tiene que llorar de rabia porque alguien, no sabe quién, ha puesto condiciones a una libertad de la que creía que sus hijos serían dueños.
Imaginen que no pasa nada de eso, porque los zapatos dorados no estaban en la sección de niñas. Simplemente estaban en la sección de zapatos. Qué absurdo, ¿verdad?
Imagínense su tienda: cualquier día, cualquier tienda. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado.
Para nosotros, adultos del aquí y del ahora, tal vez sea tarde. Pero para ellos no. Aún podemos dejarles algo mejor. Nosotros, adultos del aquí y del ahora, podemos reinventar para ellos. Puede que ya no tengamos fuerza para reconstruirnos, pero aún podemos derribar muros. Puede que no sepamos liberarnos a nosotros mismos, pero aún podemos cortar cadenas. Y puede que dentro de, qué sé yo, veinte años, un cliente entre en su tienda y sea libre. Porque alguien ha decidido no poner condiciones a esa libertad.
Señores de H&M, les propongo una idea absurda… Dejemos de vestir niños. Dejemos de vestir niñas. Vamos a vestir personas.

#VamosAVestirPersonas

Un saludo :)