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martes, 11 de octubre de 2016

Jessica Gómez y el texto:"Señores de H&M"

¡¡Buenos días!!

De nuevo la autora Jessica Gómez, me deja sin palabras y no puedo estar más de acuerdo con ella...os dejo el artículo que ha publicado en su Facebook, el día 23 de Septiembre.
Os dejo todo el texto, pues quiero compartir con vosotros hasta la última palabra que me ha maravillado, y que siento como ella al 1000000 %.


Señores de H&M, les propongo una idea absurda:
Imagínense su tienda dentro de, qué sé yo, veinte años. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado. Qué tontería, ¿verdad? Eso ya lo puede hacer ahora, cualquiera. Entrar y comprar lo que se le antoje.
De acuerdo, retrocedamos.
Imagínense su tienda la semana pasada. Cualquier tienda. Cualquier día. Imaginen a una madre que entra a comprar ropa con su hijo pequeño y su hija menor. Imaginen a un niño que decide que le encantan unos zapatos dorados con estrellas en el mismo pasillo en el que su madre busca botas para su hermana.
Ahora imaginen que esa madre no alberga ningún tipo de duda con respecto a comprar esos zapatos. Imaginen que no intenta disuadirlo enseñándole otros zapatos más masculinos. Imaginen que se los compra sin atisbar miedo alguno a que se metan con él en el colegio; que ni siquiera contempla que eso pueda suceder. Imaginen que ambos, madre e hijo, se van de su tienda felices con sus zapatos dorados.
Imaginen que ese niño, al día siguiente, no le dice a su madre que no quiere ponérselos para ir al colegio, porque hay demasiada gente y sus zapatos son de chica. Imaginen que esa madre no tiene que preguntarle a su hijo si es que pretende ponerse los zapatos en los genitales. Imaginen que esa madre no tiene que poner su pie desnudo junto al de su hijo para explicarle que la idea de que un zapato pueda ser de chico o de chica es ridícula, porque nuestros pies son iguales.
Imaginen que esa madre no tiene que mirar a su hijo a los ojos y preguntarle si piensa que las cosas de chica son malas. Que no tiene que cabrearse pensando que su hija puede vestir cosas de niño y ser lo más normal, pero si su hijo viste algo de niña se está exponiendo.
Imaginen que ese niño no tiene que debatirse cada mañana entre ponerse algo que le gusta o ponerse algo que no lo avergüence. Imaginen que va cada día al colegio feliz, con sus zapatos dorados. Que no vuelve a casa triste y enfadado porque una compañera le ha dicho que sus zapatos son de niña. Que esa madre no tiene que llorar de rabia porque alguien, no sabe quién, ha puesto condiciones a una libertad de la que creía que sus hijos serían dueños.
Imaginen que no pasa nada de eso, porque los zapatos dorados no estaban en la sección de niñas. Simplemente estaban en la sección de zapatos. Qué absurdo, ¿verdad?
Imagínense su tienda: cualquier día, cualquier tienda. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado.
Para nosotros, adultos del aquí y del ahora, tal vez sea tarde. Pero para ellos no. Aún podemos dejarles algo mejor. Nosotros, adultos del aquí y del ahora, podemos reinventar para ellos. Puede que ya no tengamos fuerza para reconstruirnos, pero aún podemos derribar muros. Puede que no sepamos liberarnos a nosotros mismos, pero aún podemos cortar cadenas. Y puede que dentro de, qué sé yo, veinte años, un cliente entre en su tienda y sea libre. Porque alguien ha decidido no poner condiciones a esa libertad.
Señores de H&M, les propongo una idea absurda… Dejemos de vestir niños. Dejemos de vestir niñas. Vamos a vestir personas.

#VamosAVestirPersonas

Un saludo :)



martes, 5 de julio de 2016

El verano y nuestro cuerpo

¡¡Hola a tod@s!!
Llega el verano, y con esta época llega el calor...y la hora de enseñar nuestro cuerpo... algunas personas, tienen problemas con este tema...pues la sociedad en la que vivimos tiene unos cánones de belleza muy estrictos y a mi parecer muy estúpidos, que pueden hacer mucho daño....
De hecho, hoy en día hay muchas personas que tienen trastornos alimenticios; los más conocidos son la Anorexia y la Bulimia... derivados de esa imagen "perfecta" que nos vende la moda y todo lo que conlleva. 
Yo vivo en Cantabria y os dejo el enlace de la Asociación Adaner, que fue creada por un grupo de familiares de enfermos con trastornos del comportamiento alimentario, enfermos/as y profesionales, situada en Santander, con los objetivos primordiales como contribuir a la mejora de la calidad de vida de los enfermos y enfermas con T.C.A; procurar la mejora de la atención en relación a los aspectos médicos, psicológos y sociales; contribuir a la difusión de todos los aspectos relacionados con estos trastornos, al objeto de sensibilizar a los profesionales de diferentes ámbitos, y fomentar la investigación  el estudio sobre el T.C.A, tanto en los aspectos médicos como en todos aquellos que rodean a la vida del enfermo y sus familiares.Esta es su dirección:
Adaner Cantabria 
Centro Cívico María Cristina
C/ General Dávila, 124
39006 Santander – Cantabria
Tlfns: 942 23 14 43 / 685 46 40 53


Si conocéis a alguien que necesite ayuda, o vosotros mismos tenéis dudas...podéis ojear su página y os atenderán de una manera muy cercana y os ayudarán en todo lo que puedan. Tenéis su página en Facebook.
Y al hilo de este tema...os dejo un texto de una mujer maravillosa, que por casualidad, la vida me ha llevado a su Facebook, sin saber por qué, en el cual he encontrado unas palabras que ella ha titulado como "La chica del bañador verde", la autora de esta maravilla se llama Jessica Gómez, y podéis conocerla en Facebook con el nombre de Jessica Gómez - Autora y en Twitter con la dirección @quenomefalte ....os dejo que lo disfrutéis...
QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:
Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.
Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.
¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.
Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.
Te he visto ser la última en quitarte la ropa.
Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.
Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.
Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.
Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.
Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.
No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.
Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde… Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.
Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos –o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.
Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.
Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.
Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.
Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.
Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.
Me gustaría poder decirte que –créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.
Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?
Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.
A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde…
Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.
Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.
Porque así es como todos merecemos ser queridos.
Y así es como todos deberíamos querer.

Un saludo...nos vemos pronto